Si quiero empezar, o tratar de comenzar a contar esta historia, creo que debería iniciar por decir que yo mismo no me reconozco como una persona cien por ciento normal, es decir, quién lo es? No?
Debo decir, no obstante, que aunque no me considere normal, soy un tipo honesto, algo descuidado pero sobre todo me considero bueno, es decir, tranquilo, calmado, como un río en pleno verano con sus pasivas aguas que suavemente se deslizan alrededor de las grandes y majestuosas rocas pero, estoy divagando...
Ahora, como podrán darse cuenta, he sido o aún estoy lo suficientemente cuerdo para poder escribir esto sin tener que estar atado a un costado de la pared, me he llevado pedazos de la cama antes, digo, por qué alguien querría estar atado a un mueble? en general, quiero decir, ni a los animales parece gustarles eso. Supongo que es como, aunque haya muchos otros, un génesis de la ira o de la cólera en sí, que es cual criatura pequeña, que crece y crece cada día y con las circunstancias, unas más agresivas o graves que otras, se desarrolla y crece aún más, entonces un día, quizás cuando menos lo esperes, incluso cuando no lo esperas, ni si quiera lo ves llegar, solo explota, arranca tu piel forzando a la razón y sin darte cuenta no eres mas un ser racional.
-Entonces desperté, era un lugar extraño, había moho en las puertas y en las ventanas, supongo que era eso, verde y pegajoso, todo estaba lleno de polvo y suciedad, parecía olvidado, como abandonado; el techo se veía en mal estado por la humedad, se podía ver por partes al piso de arriba, donde unos tipos hablaban en un lenguaje que en ese momento supuse que era polaco, o ruso… intenté levantarme de esa cama, con estructura metálica, como las que se usaban en los hospitales improvisados durante las batallas en las guerras, apenas tenía un par de hojas de cartón sobre los duros y descuadrados resortes que vagamente sostenían la estructura con mi peso sobre ella, cuando de pronto me di cuenta, tenía un grillete del tamaño de uno de esos brazaletes, ya saben, de esos elegantes que usan las señoras que tienen esposos con cargos importantes y dinero a montones; en la mano derecha y estaba sujeto al suelo, es decir, incrustado en el piso como si lo hubiesen construido mientras hacían las bases de aquel perturbador lugar; no podía soltarme y estaba ya pensando en algunas alternativas de escape, poco convencionales la verdad.
De pronto, fue como si golpearan mi cerebro desde dentro y un recuerdo vino a mí:
Estaba sentado en una silla de madera frente a una mesa con algunos restos de pan y copas vacías, en lo que parecería ser una cantina o alguna especie de bar, no funcionan todas las luces por lo que la visibilidad no es muy buena, se escuchan murmullos en las sombras, hay poca gente y la mayoría están ebrios, pero muchos se quedan viéndome como si me conocieran y fuera culpable de algo, algún hecho malo, bastante reciente… las patrullas aullaban como lobos hambrientos en las calles, y yo… yo tenía este sentimiento que me carcomía la conciencia, culpa, ira, no sabía, ni si quiera concebía aún lo que estaba pasando, de pronto una chica, bastante desaliñada, se acercó, se sentó en la silla de en frente… estaba toda descuidada, despeinada, algo agitada, como si hubiese llegado aquí corriendo, su rostro era como de una mujer que había peleado muchas batallas, pero que había perdido más de las que había ganado, mientras yo analizaba y sobre todo asimilaba lo que pasaba, pidió un ron a las rocas y un whisky para mí, eso me gustó un poco, como podía saberlo?
Llegaron los tragos, ella apretó su copa fuerte entre sus manos, lo tomó casi todo de un solo golpe, y tomándome de la mano firmemente, sus negras pupilas se posaron fijo sobre mis ojos y me dijo: aún estás a tiempo para remediar todo lo que pasó, sé que todo es muy confuso, pero poco a poco irás descubriendo, entendiendo… una gota de sudor caía sobre sus labios mientras me hablaba, sus ojos enlagunados brillaban con la tenue luz sobre nuestras cabezas, deslizó su mano por debajo de la mesa y sentí que algo tocaba mi muslo... ¡toma esto! –me increpó; cuando toqué con mis manos el objeto, me di cuenta rápidamente que era un arma, obviamente no la vi al instante, la guardé en mi chaqueta, ella levantándose de la mesa suavemente besó mi mejilla, sonrió y dijo: -eres un buen hombre, pero debes controlarte, o al menos intentarlo, esto podrá ayudarte por un tiempo, -añadió, mientras sacaba unos cuantos dólares de su bolsillo, -busca un lugar seguro y ¡mantente a salvo! -advirtió. Se despidió como si me hubiese conocido desde hace muchísimo tiempo y yo me fuera a la guerra, a una misión suicida o algo así, lágrimas en sus ojos, su rostro ruborizado, pasó delicadamente sus dedos por entre mi cabello, una leve sonrisa se dibujo en sus labios y no, nunca dijo adiós; debo decir que me arrepiento de no haber hecho algo al respecto y quedarme con ella desde un principio, eso habría calmado las cosas y yo… bueno quizás yo no estaría narrando esta historia.
Los días pasaban, supongo, porque desde el lugar en el que estoy la luz no cambia mucho que digamos, a veces vienen las ratas a comerse los hongos de mis pies, estoy casi acabado, han querido quebrantar mi espíritu, pero apenas han conseguido doblar un poco mi cuerpo, resistiré.
Entre las constantes alucinaciones causadas por el dolor y las vitaminas… o al menos eso creo que son las pastillas que me dan estos tipos, las constantes palizas, golpes, baños con electricidad, vienen a mi mente recuerdos realmente perturbadores, que me hacen tener una idea del por qué estoy pasando semejante sufrimiento...
-Estoy en pie, junto a una cama mirando hacia el techo, es una habitación bastante limpia y cuidada, todo en su lugar, como si alguien hubiese estado viviendo aquí, tengo un tenedor en la mano izquierda y un trapo húmedo, con un hedor, como si estuviese impregnado de algún tipo de combustible o líquido inflamable. Hay algo sobre la cama, un bulto deforme se deja ver entre las sábanas… quiero ver pero no puedo moverme, me es imposible tan solo inclinar un poco la cabeza; de repente, se escucha la puerta de entrada abrirse, es una de esas grandes puertas de metal que hacen ruido cada vez que intentas abrirlas, alguien entra en la casa, aún sigo paralizado y solo puedo mirar, de pronto una figura bastante familiar da vueltas por el pasillo de fuera, es perturbadoramente conocido, se escuchan unos gritos desgarradores que vienen de la habitación del frente, en la alcoba el bulto sobre la cama es una anciana que casi no puede moverse, entonces entra un individuo, no puedo ni siquiera creerlo!!.
Despierto de una bofetada y percibo un terrible olor, un grotesco tipo se me acerca: -¡debes comer! no queremos que mueras... todavía. exclama mientras ríe con su compañero.
Y reía mientras se alejaba, el brebaje era una masa mal oliente, espesa, llena de granos y partes de trozos de lo que se podría decir que es carne, tiene un sabor a zapatos sucios y vísceras para condimentar; no quiero morir, cada bocado produce una arcada y no mejoraba con los siguientes, desde la mesa del comedor, me lanzan sobras de huesos y cortezas. son solo dos, -pensaba…
…Como cerdos fangosos y sudorosos, saciaban sus apetitos de bestias voraces, como si la comida se fuere a terminar; se atiborran de pan, vino, cerdo, res, escupen huesos y pedazos de comida sobre sus rostros, casi asfixiándose, mientras se mofan de la desventura de un desafortunado hombre tirado en el suelo, que rogando por alimentos de verdad o al menos algo que no huela a cloacas o que por lo menos tenga un poco de sabor, se debate en cómo salir, sobrevivir.
Hace meses que estoy acá y realmente me ha parecido una eternidad, cada día intento ver y me pregunto dónde estaremos, es casi imposible determinar una ubicación dado a que raramente puedo ver la luz del sol, menos aún a tan majestuosa estrella en su esplendor, siento que empiezo a olvidar como eran algunos colores, y como huelen algunas cosas, pero me había prometido no dejar que la muerte me abrace, al menos no hasta estar una última vez entre sus piernas, sintiendo su respiración en mi pecho, así como cuando el mundo se reducía a una habitación y toda la población éramos los dos y el deseo que nos consumía al uno por el otro hacía que juntos nos fundiéramos en el fuego de la pasión, la lujuria se encendía, nada más importaba, porque era tan puro y tan bello que el tiempo en sí se detenía, para que los mismísimos astros pudieran apreciar su belleza.
Si la vieran ustedes, es como probar el más delicioso vino, el más jugoso fruto, la vid más frondosa de todo el viñedo, pero cuando eres tan especial y tan bella, atraes a los más variados seres de todas partes del mundo, porque las lenguas viajan más rápido que los cuervos en las sombras, porque viajan en el viento y saltan sobre las bocas ansiosas del mal ajeno. Un mal necesario lo consideran algunos, comidilla de cerdos, otros, que sería de un héroe del cual los coros no cantaran sus proezas, que sería de los reyes si sus súbditos no los aclamaran. Pero hay ojos hambrientos por todas partes y te miran, y nos ven. pero nunca callan.
Hay algo que me mantiene un poco cuerdo, además de sus recuerdos, me tienen tan descuidado y tan poco vigilado que los grilletes me están quedando anchos porque he perdido tanto peso que ya ni parezco yo, las cadenas se empiezan a desprender de las rocas que han sido golpeadas todo el tiempo que he estado aquí, aún recuerdo el frío,
-oh! el majestuoso Eolo soplando desde las heladas montañas, empeñado en liquidar a uno o dos confiados insensatos en su arremetida.
Es curioso porque hace algún tiempo había estado leyendo sobre aves, de rapiña más que nada, ¿por qué hablo de esto?, bueno he estado reconociendo un canto, más bien un chirrido que hace un ave, lo que no estoy muy contento de averiguar es el lugar, porque esa ave es nativa de una región llamada Tanzania, en la costa este del centro de África, si estoy en lo correcto, aunque sé que parece mucha coincidencia, creo que podría ser ese lugar, he intentado sacarme los grilletes de mi mano y con un poco de esfuerzo, sale, lo que me preocupa es el que tengo en mi pie izquierdo, la cadena que lo ata es suficiente para llegar al rincón de la celda, sí.. No tienen idea de cómo huele aquí dentro.
Debo admitir por otro lado que el hecho de poder correr o colgarme para escapar, dependiendo de qué tan alto mi celda se encuentre, en el estado físico en el que me encuentro justo ahora, no parece que tenga muchas cosas a mi favor. Pero debe haber alguna forma de salir de aquí sin romperme los huesos o al menos no todos. Debo seguir a las ratas.
Hoy me levantó de mi sueño un tipo vestido de forma elegante, pero no de traje convencional, sino más bien del tipo del ejército, con esos sacos llenos de botones y medallas, estrellas y gafetes que intentan ser voceros de las batallas que han sufrido, o disfrutado dependiendo de quién; aquel que con explicito orgullo las carga todos los días y las muestra como trofeo, como amuleto. La verdad es que no entiendo el idioma que hablan pero hay un tipo que habla portugués y puedo entender al menos el contexto de lo que dicen o al menos eso intento.
Al parece se están preparando para marcharse a alguna base o algo similar, todo el mundo está moviéndose, empacando, quemando cultivos, documentos, pruebas; corren de aquí para allá, como si tuviesen mucha prisa, como si alguien estuviese por llegar; un soldado venda mis ojos con un trapo sucio y algo desgastado, huele como a perro mojado, me llevan casi arrastrado hacia un vehículo, se escucha una puerta al cerrar y todo se pone mucho más oscuro; todos hablan mucho, se gritan como si de dar órdenes se tratara, discutiendo. pero no entiendo nada.
De repente se escucha un golpe en un costado del auto, empieza a moverse, tengo la sensación de movimiento, como si avanzáramos por un camino de herradura, piedras, hay mucho movimiento y estoy dando tumbos para todos lados, realmente me gustaría saber hacia dónde nos dirigimos, o por lo menos desde dónde hemos salido; se nota clarísimo el cambio de clima, hace mucho más calor y hay mucha más humedad, se puede sentir en el ambiente y aún no salí del vehículo.
Escucho la puerta abrirse, -hemos llegado princesa! -dijo uno de los maleantes, tomándome por el brazo y arrastrándome al piso, al instante lo supe, era la playa, podía sentir la brisa del mar, fresca y agradable, aunque no estaba en posición de disfrutarlo mucho en aquel momento, de todas formas le hacía bien a mi espíritu.
Tal parece me han traído a la costa, a alguna zona de carga en los muelles o algún astillero ilegal o escondido que éstos infelices debieron tener en alguna parte de la ciudad.
De repente otra vez hay oscuridad, puedo sentir los cambios de luz a través del trapo en mis ojos ya que es fino y la luz se filtra por pequeños agujeros; entonces sin previo aviso, uno de ellos toma mi cabeza y arranca el trapo con un solo y fuerte movimiento hacia arriba y hacia afuera, aún estoy un poco cegado por la luz brillante y artificial de la habitación.
Me encuentro sentado en un improvisado banco de tres ladrillos de bloque y atado junto a una tubería de agua o vapor, está un poco caliente al tacto, hay un fétido olor a aguas servidas que proviene de algún lugar muy cerca, tengo la ligera sospecha de que pueda ser yo, hace mucho calor, ...entonces hace su entrada, el que supongo es su líder, Patrick Vorbachov, un tipo de unos 40 años fornido y bastante alto, habla ruso muy fluido, las bolsas en sus ojos son de varios días y su barba parce no haber tenido jamás una buena relación con el filo de una navaja, tiene el cabello gris como la niebla y largo como las frías noches de invierno, les habla un par de cosas a los guardias y éstos se marchan trabando la puerta tras de si, estamos solos en aquella lúgubre habitación, rodeada de humedad y malas pinturas en la pared.
Lleva puesto un traje militar más bien como el que usan los guerrilleros o los revolucionarios, color verde oscuro, muy opaco y bastante desgastado, sacó un habano del bolsillo de su chaqueta y un encendedor de plata pulida bastante llamativo, mientras fumaba, daba vueltas por la habitación revisando papeles y escribiendo en una pequeña libreta color negro que guardaba en el bolsillo izquierdo del pantalón, pude notar también que era zurdo.
Parecía estar escribiendo una especie de discurso, porque podía ver como escribía e intentaba, mediante varias repeticiones, memorizar lo que estaba ahí escrito; aún quemaba su habano cuando dejó su pluma en el escritorio, guardó su pequeña libreta y se acercó lentamente hacía mi sin pronunciar una sola palabra, tomó una silla cercana y la puso frente a mi y se sentó, sus verdes ojos me miraban fijamente, casi no parpadeaba aunque el humo de su cigarro surcaba ágilmente por su rostro, de repente lanzó el puro hacía el suelo y lo pisó suavemente, aclaró su garganta y me dijo: -sabes quién soy? -no respondí- él asumió que por mi silencio yo no sabía quién era, pero siento que al no hablar, mi cuerpo no daba precisamente el mensaje que yo pretendía mostrar.
Acercó mucho más su rostro hacia el mio y en una macabra sonrisa que dejaba ver sus deformes y descoloridos dientes dijo: -me tomas por imbécil? -crees que no se quién eres y por qué estás aquí? se levantó de inmediato y se paró frente a la puerta. -yo no dejaba de pensar en lo mal que olía su aliento, y lo poco que me importaba mi bienestar a la altura de esta situación.
Con un fuerte golpe en la puerta de metal, llamó mi atención ya que estaba un poco delirante dado a los constantes mal tratos y la deshidratación severa que sufría en el momento. -tanto trabajo!! -gritaba en mal español, -Боже мой! (Bozhe moy!) -vociferaba una y otra vez, parecía bastante perturbado, hasta algo preocupado incluso, como si una importante parte del plan hubiese fracasado.
Continuará...